BIBLIOTECA "ADOLFO SALDÍAS"


Biblioteca "Adolfo Saldías"
Instituto de Investigaciones Históricas
Juan Manuel de Rosas
Presidencia de la Nación - Secretaría de Cultura
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
24 de Setiembre de 2008
(parados)
Antonio Testa, Osvaldo Vergara Bertiche,
Pablo Hernández y Ángel Pérez
(sentados)
Nicolás Carrizo, Diego Bermúdez y Napoleón Mercado

VUELTA DE OBLIGADO

Miercoles 24 de Setiembre de 2008

Acto de Entrega de Diplomas a
"Miembros Destacados"

"Comisión Permanente de Homenaje
a la Vuelta de Obligado"

Instituto de Estudios Históricos Juan Manuel de Rosas
Presidencia de la Nación, Secretaría de Cultura
Montevideo 641, Ciudad Autónoma de Buenos Aires



Diploma entregado a Osvaldo Vergara Bertiche



(De izquierda a derecha)

Dr. Oscar Denovi, Secretario de Actas
Luis Launay, Presidente
Dr. Jorge Sulé (anfitrión en su carácter de Presidente del
Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas)
Daniel Brion, Vicepresidente
de pie: Alejandro Pandra, Secretario General



Osvaldo Vergara Bertiche y Luis Launay


Vista parcial del público presente

En primera fila el Maestro Enrique Oliva; a la derecha el Dr. Mario Crocco


Osvaldo Vergara Bertiche, Luis Launay y Pacho O´Donnell

Ver información completa en:

http://pensamientonacional.com.ar/eventos.php?gal=148

HACE 32 AÑOS PRETENDÍAN ACALLAR LA VOZ DE DIOS


Monseñor Enrique Angelelli murió asesinado el 4 de agosto de 1976, haciendo aparecer tal acto de salvajismo, como un accidente automóvilístico.


Los sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias fueron asesinados el 18 de julio de 1976, luego de ser secuestrados por quienes se identificaron como miembros de la Policía Federal.


A la mañana siguiente a este crimen, hombres encapuchados fueron a buscar al párroco de Sanogasta, pero éste se había ido por recomendación de monseñor Angelelli.


Cuando el laico que los atendió les dijo que el párroco no estaba, lo acribillaron.


El 4 de agosto, 17 días después del asesinato de aquellos sacerdotes, asesinan a monseñor Angelelli, en la localidad de Punta de los Llanos.


Según el relato del "Nunca Más", Angelelli "acababa de dejar Chamical donde había celebrado una misa y pronunciado una homilía en la que denunciaba los asesinatos de los dos sacerdotes".


"El obispo manejaba una camioneta, y el padre Arturo Pinto que lo acompañaba recuerda que apenas dejaron Chamical comenzó a seguirlos un automóvil; el obispo aceleró pero entonces apareció otro coche y a la altura de Punta de los Llanos los encerraron hasta hacer volcar la camioneta", señala.


El cuerpo de Angelelli "quedó tirado en el suelo durante seis horas, la camioneta desapareció y la única lesión que presentaba el cadáver del obispo fue la nuca destrozada tal como si lo hubiesen molido a golpes.


La carpeta que llevaba jamás pudo ser encontrada".


"No vengo a ser servido sino a servir. Servir a todos, sin distinción alguna, clases sociales, modos de pensar o de creer; como Jesús, quiero ser servidor de nuestros hermanos los pobres", con estas palabras monseñor Enrique Angelelli asumió la conducción del Obispado de La Rioja en 1968.


El religioso nació el 17 de julio de 1923 en Córdoba en el seno de una familia de inmigrantes italianos, y a los 15 años, ingresó al Seminario Metropolitano Nuestra Señora de Loreto.


Al iniciar el segundo año de teología, fue enviado a Roma para completar sus estudios y a los 26 años fue ordenado sacerdote y continuó sus estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma hasta obtener la Licenciatura en Derecho Canónico.


De regreso a la Argentina, y a su provincia, comenzó su labor pastoral, y en 1952 se hizo cargo de la atención pastoral de la Capilla de Cristo Obrero y fue designado asesor de la Juventud Obrera Católica.


Tras haber ejercido como obispo auxiliar de Córdoba, en 1968 fue designado por Pablo VI obispo de La Rioja y su ministerio se caracterizó por estar junto a los trabajadores en sus reclamos y con los campesinos impulsando su organización cooperativa.


En septiembre de 1974, Angelelli viajó a Roma en visita "ad limina" y estando allí le sugirieron que no regresara porque su nombre figuraba en la lista de amenazados por la Triple A.


Sin embargo, Angelelli retornó y planteó los ejes de trabajo para 1975: "caminar con y desde el pueblo, seguir actuando el Concilio y continuar la promoción integral de los riojanos".


Pero con el inició de la dictadura militar en marzo de 1976 se intensificó el control y seguimiento a los miembros de la iglesia, en el marco de la represión organizada por el gobierno de facto.


Angelelli denunció las violaciones a los derechos humanos e hizo conocer al episcopado la persecución de que era objeto la iglesia en La Rioja.


Tras los asesinatos en julio de 1976 de los padres Gabriel Longueville y Carlos Murias, de Chamical, el 4 de agosto monseñor Angelelli retornó a la capital riojana, luego del novenario a los sacerdotes asesinados, y a la altura de Punta de los Llanos, su camioneta fue embestida por un auto Peugeot 504, que le provocó el vuelco.


A muchos les molestaba que el obispo afirmara siempre, que la Iglesia de Jesús ha de seguir siendo Pueblo o dejará de ser la Iglesia de Dios.


Su honda espiritualidad y su clara orientación pastoral sacudió a los tibios y molestó a los injustos y opresores. Por eso lo silenciaron.


No permitieron que un Obispo dijera: "El Cristo de la Pascua no quiere un pueblo resignado, sino luchador para lograr tener vida”.


Les molestaba que recordara que la Iglesia de Jesús ha de seguir siendo Pueblo o dejará de ser la Iglesia de Dios. Por eso, acuñó la frase que ha recorrido el mundo pastoral y es eje de una auténtica evangelización: "Deberemos tener permanentemente un oído puesto en el corazón del Misterio Pascual, que es Cristo, y el otro en el corazón del pueblo que debe ser protagonista".


Al cumplirse 32 años de su asesinato, uno mi voz al clamor del sufriente Pueblo creyente que se debate en la miseria y la postergación y que busca en Dios no sólo la salvación eterna, sino la justicia reivindicativa de vivir mejor aquí en la Tierra.


Monseñor Eduardo Angelelli fue un protagonista digno y valiente en la lucha por esos ideales.


Rosario, Provincia de Santa Fe

4 de Agosto de 2008

LA PLAZA ES NUESTRA


La Plaza es Nuestra. Es nuestra por derecho propio. Derecho adquirido en históricas jornadas.


LA PLAZA ES NUESTRA. De los "cabecitas negras", de los desposeídos, de los marginados.


LA PLAZA ES NUESTRA. De todos aquellos que adherimos a un Proyecto Nacional de Nación. De todos aquellos profundamente atiimperialistas y antioligárquicos.


LA PLAZA ES NUESTRA. De aquellos que nos encolumnamos tras las figuras insignes de San Martín, Rosas, Yrigoyen y Perón.


LA PLAZA ES NUESTRA. De los que pretendemos la construcción de la Patria Grande Bolivariana y Artigista que pretendian junto a San Martín y que hoy se vislumbra de la mano de Hugo Chávez y Evo Morales. LA PLAZA ES NUESTRA.


Y todo lo que es nuestro hasta tiene olor a nosostros. La Plaza tiene el olor eterno de las "patas en la fuente", de los sudores de los overoles industriales, de la bosta pegada a las alpargatas de los peones rurales, todos ellos explotados, oprimidos, por esos otros con olores a perfumes importados.


LA PLAZA ES NUESTRA. De los laburantes asesinados un 9 de Junio de 1955 por los mismos que hoy pretenden usarla en defensa de intereses expurios y antinacionales. LA PLAZA ES NUESTRA. De la Madres, de las Abuelas. Madres y Abuelas de hijos que lucharon contra estos mismos sectores hegemónicos.


LA PLAZA SEGUIRÁ SIENDO NUESTRA. SEGUIRÁ SIENDO NO SÓLO UNA PLAZA, SINO EL MAYOR MONUMENTO A LA DIGNIDAD DEL PUEBLO ARGENTINO, A LA LUCHA POR LA LIBERACIÓN NACIONAL.


LA PLAZA ES NUESTRA... NO NOS LA DEJEMOS USURPAR.

4 de Junio, la chispa que encendió la hoguera del 17 de Octubre


Por Osvaldo Vergara Bertiche


“Cuando en el año 1943 un grupo de hombres de armas decidimos liberar al país de la dependencia extranjera, haciendo una verdadera Revolución Nacional, debimos enfrentarnos también con un triste y agobiante panorama mundial. En un mundo que venía de soportar una gran guerra, cuyas consecuencias es de todos conocida”.


“Con el alma llena de espíritu patriótico y sin mezquindades de ninguna especie, aquellos revolucionarios del año 1943 lanzamos una Proclama, que yo mismo escribía la noche anterior”.


“Y así nace el Justicialismo, con las mismas frases de la mencionada Proclama Revolucionaria del 4 de Junio de 1943”.


Mensaje leído del presidente argentino Teniente General Juan Domino Perón el 7 de septiembre de 1973, en la IV Conferencia de Países No Alineados, realizada en Argelia.


El 4 de Junio de 1943, “Jornada Redentora de la Historia”, se cierra la “Década Infame”; la del fraude, de la corrupción, la entrega y la expoliación, que tuvo su inicio con el derrocamiento de Don Hipólito Irigoyen el 6 de Setiembre de 1930.


Decía Perón al referirse al 4 de Junio: “Este movimiento inicial no fue una militarada más; no fue un golpe cuartelero más, como algunos se complacen en repetir; fue una chispa que el 17 de Octubre encendió la hoguera en la que habrían de crepitar hasta consumirse, los restos del feudalismo que asomaba por la tierra americana”.


Los golpes de Estado clásicos siempre se hicieron para profundizar el modelo de dependencia y el gobierno de las minorías oligárquicas.


Ese fue el caso de 1930. En cambio, el 4 de Junio se hizo cargo del poder un sector de las Fuerzas Armadas adoctrinado con Scalabrini Ortiz y los cuadernos de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina).


No era un sector liberal que se proponía mantener el status quo. Formados en el nacionalismo popular de FORJA, en el yrigoyenismo y en la tradición nacional, esos jóvenes oficiales se hallaban en condiciones de protagonizar un profundo cambio en nuestro País.


La oficialidad se encontraba organizada en una suerte de logia denominada Grupo Obra de Unificación, más conocido por su sigla: GOU. El GOU era conducido por un hasta ese momento desconocido Coronel Juan Domingo Perón, profesor de la Escuela Superior de Guerra, funcionario del Ministerio de Guerra, delegado en misiones diplomáticas, del arma de infantería. Era un oficial distinto, de sólida preparación intelectual, especializado en estrategia.


“El Coronel Perón conocía al detalle la marcha de ese incipiente mundo de posguerra que se abalanzaba sobre todas las latitudes. Porque para él en su concepción no existe política nacional sin una clara política internacional. Les señalaba a sus colegas que se aproximaba una etapa en que las masas trabajadoras iban a tener un crucial papel protagónico en las decisiones nacionales y por eso cuando se produce la Revolución de Junio él elige ocupar el olvidado Departamento Nacional del Trabajo, convertido meses después en la Secretaría de Trabajo y Previsión”.


Es en esa Secretaría donde nace la era de la política social en la Argentina. “Desde este espacio de poder Perón se convierte en el factor predominante de la Revolución”.


Con el sindicalismo, con el movimiento obrero organizado, de neto corte nacional, Perón se erige de inmediato en el líder de la Revolución.


Por esto no fue un simple recambio en el poder, sino que el 4 de junio se produce un cambio revolucionario, distante de una asonada cuartelera para que siguiera gobernando las minorías de siempre.


“Perón era el hombre que llegaba a la política por fuera de todo el desastre que había significado la Década Infame, plagada de negociados, de entrega al capitalismo inglés, de explotación de los obreros, de deshonor internacional. Veníamos del pacto Roca-Ruciman en que el vicepresidente había dicho que la Argentina era una perla más del imperio británico. Veníamos de la elección de los presidentes en la Cámara de Comercio Argentino-Británica. Veníamos del “fraude patriótico”. Veníamos de la creación del Banco Central por Sir Otto Niemeyer, representante del Banco de Inglaterra. Veníamos de la claudicación del radicalismo que se había integrado al Régimen “falaz y descreído”, abandonando sus posiciones nacionales. De ahí en 1935 el surgimiento de FORJA, de los jóvenes radicales que decidieron continuar la brecha del Caudillo, para dejar de ser una Argentina colonial y ser una Argentina libre”.


El 4 de Junio el Pueblo se hizo Revolución y logró la unidad indisoluble con las Fuerzas Armadas.


“La relación de poder se modificó sustancialmente. La oligarquía vacuna dejó de mandar. El poder pasó de la oligarquía, de las empresas ligadas al capital inglés y sus lacayos en los partidos demoliberales, a una concertación policlasista encabezada por los trabajadores y los militares sanmartinianos. Concertación conducida por Perón”.


“A partir del 4 de junio se trastocan los cimientos de la Argentina liberal, la Argentina de pocos, cuyo modelo agroexportador se agota. Era la Argentina de la Generación del 80, la que inflama al Dr. Mariano Grondona cuando dice que éramos el sexto país del mundo... en exportaciones de vacas y trigo pero a nivel social éramos una colonia de obreros hambrientos y desprotegidos”.


“La Revolución de Junio coloca entre las cuerdas a la Argentina colonial y con la conformación del peronismo le da el nocaut, la quita del medio, la pone en un su justo lugar de la historia, en el rincón de la ignominia y la traición al pueblo”.


Y sin 4 de junio jamás hubiera habido 17 de octubre de 1945. “La historia es una sucesión de hechos concatenados, que tienen su lógica y su propio desarrollo por el grado de incidencia de sus protagonistas”.


Aquellas banderas del 4 de Junio que hallaron su materialización en la Década Feliz, la Década de la Dignidad que va del 45 al 55, todavía perduran y debemos levantarlas bien alto.


“El Movimiento Nacional Peronista nació para dar trabajo, para fortalecer la industria, para sostener la soberanía nacional y hacer de la Argentina un país inclusivo, poderoso en leyes sociales y protectoras del Pueblo que es el único soberano”.


Y cuando hoy vemos que falta profundizar el cambio porque casi un tercio de la población es pobre y quedan pendientes políticas sustentables en lo económico y en lo social, debemos pensar que con las Banderas y acciones consecuentes se puede lograr la Grandeza de la Patria y el Bienestar del Pueblo.